En lo personal, el mundo natural y cómo funciona la naturaleza siempre ha sido una gran inspiración para mí. Basta con observar un poco más de cerca los fenómenos biológicos para ver en ellos muchas verdades espirituales. Y es que, como sabemos, esta realidad física es solo un reflejo de lo que ocurre a nivel espiritual. Un reflejo limitado, pero muy útil. Veamos por qué.

La analogía de la fruta: entendiendo nuestros procesos

Esta es una analogía que me encanta, que escuché de personas que fueron maestros en mi camino y que me han ayudado muchísimo a lo largo de este.

Observar los procesos de las frutas – sí, de las frutas que comemos y tanto disfrutamos a diario -, nos permite desarrollar sabiduría para nuestros nuestros procesos. Nos ayuda a entender que nuestros procesos de sanación y crecimiento necesitan tiempo y paciencia, igual que el proceso de maduración de aquellas. Es un proceso que no se puede acelerar y si de alguna forma se hace de manera artificial, la fruta – aunque parezca madura – no desarrolla todo su dulzor.

Por eso, jamás te des espacio para juzgar tu proceso ni juzgarte a ti en tu proceso. Cuando sientas que te falta mucho, o te preguntes que por qué aún no superas ciertas cosas que llevas tanto tiempo trabajando, o que por qué no has logrado manifestar resultados tangibles de tus esfuerzos, recuerda esto que estás leyendo aquí y mírate como esa linda frambuesa que todavía está verde y que necesita tiempo para estar lista y ser cosechada.

Esto significa que cada proceso personal tiene su tiempo único y éste no puede ser acelerado. Incorpora en tu práctica la sabiduría de la naturaleza, para nacer, madurar y morir en ciclos, y saber esperar con una sonrisa a que sea el tiempo de cosecha. Ahora bien, esto también significa que mientras estás en la fase de “fruta inmadura” no te vas a juzgar por lo que todavía no dominas o no integras y, al mismo tiempo, te mantendrás nutriéndote – regándote – hasta que llegue tu momento.

Otra analogía: tus pensamientos también funcionan bajo las “leyes de las frutas”.

Esto lo inventé recién, pues está claro que no hay “leyes de las frutas”, pero me parece gráfico y de esas frases que no se olvidan, así que cumple su propósito.

Quiero que pienses en lo siguiente. Seguramente, alguna vez te tocó encontrar una manzana o naranja que estaba pudriéndose en la frutera con ese moho verde tan común, en la cual las frutas que estaban tocándose con esa fruta comenzaban a podrirse también. Éste es el efecto de la “fruta podrida” que contamina al resto de las frutas en el cajón. ¿Qué hacemos en ese caso? Removemos lo más rápido posible la fruta con problemas para salvar el resto.

Ahora quiero que te imagines que esto mismo ocurre con tus pensamientos – frutas – en tu frutera – tu mente. Los pensamientos y diálogos negativos que son repetitivos, operan igual que la fruta podrida. Y ya sabemos que nadie, ni siquiera la persona más sabia de todas, es inmune a la negatividad. Si hay una fruta con moho, ese moho más temprano que tarde colonizará a las demás. Así también, si hay pensamientos negativos en tu mente dando vueltas, más temprano que tarde, acabarán por “colonizar” tu percepción de las cosas.

Para evitar esto es clave tener prácticas de autocuidado o de higiene mental. Es necesario que estemos constantemente revisando qué está ocurriendo en nuestra mente y mantener, con disciplina, una práctica que nos ayude a mantener la mayor cantidad de pensamientos positivos en volumen alto, y aquellos pensamientos negativos que identifiquemos día a día, reemplazarlos por otros más saludables. Estas prácticas son, principalmente, cualquiera de meditación, visualización creativa, trabajo con afirmaciones, rezos y técnicas a nivel energético.

¿Cómo eliminar de tu mente esos pensamientos que son como fruta podrida?

Así como con la fruta, es un sinsentido quejarnos o sentir frustración por esos pensamientos negativos que emergen. El moho es parte de la naturaleza y cumple una función específica. Entonces, así como estamos siempre atentos a que no haya frutas podridas en nuestra frutera y cuando hay una, la removemos sin juicio ni culpa, podemos hacer lo mismo por ese diálogo negativo que nos hace las cosas más difíciles, y tomar la decisión rápida y simple de reemplazar ese pensamiento negativo por uno más constructivo.

Creo que esta analogía de lo que ocurre en nuestro proceso de crecimiento y en nuestra mente, con estas diversas situaciones que presentes en la vida de una fruta es muy poderosa, pues además de ayudarnos a entender cómo funciona, nos ayuda a relajarnos y darnos cuenta que es parte de la vida. Cuando resistimos un pensamiento negativo y tratamos de controlarlo para que no aparezca, es lo mismo que pararnos frente a la naranja podrida y gritarle al moho para que se vaya – es decir, algo inútil -. Pelear con los pensamientos negativos es dar golpes al aire. Mejor hacer las cosas prácticas: la próxima vez que te sientas atrapada en la prisión de la negatividad mental, elimina esa “fruta podrida” reemplazándola por un pensamiento positivo respecto a la misma situación, y así te irás quedando solo con las mejores “frutas”.

Espero que esta analogía de la fruta te ayude a mirar con perspectiva y más pragmatismo tu trabajo con creencias limitantes y a adoptar esta práctica de higiene mental como una parte básica de tus rutinas de autocuidado.

Con amor,

Francisca Jara

Tarotista & coach espiritual

 

* Foto tomada de unsplash.com