Hay algo que quiero decirte hoy. Y tiene todo que ver en este camino, de descubrirnos, amarnos y crecer. De conectar con lo trascendente, con lo que nos une con lo divino, con lo universal. Y me refiero a la capacidad de darnos cuenta. A nuestra capacidad para discernir.

Desarrollar este don – realmente lo es, el don del discernimiento -, es fundamental para hacer un proceso en el que realmente expandamos consciencia, en el que podamos darnos cuenta de qué partes de mí necesito trabajar, cuándo me estoy quedando pegada, cómo reacciona mi ego y cuál es la guía de mi alma.

¿Cómo podré distinguir en este mundo de ilusiones lo que es de la esencia y lo que no? ¿Lo que es del amor y lo que es del orgullo? ¿Lo que es la pena y lo que actuar como víctima? Tenemos que aprender a discernir. No podemos estar esperando siempre respuestas desde afuera. Tenemos que aprender a darnos cuenta cuándo ha sido suficiente. Tenemos que aprender a darnos cuenta cuando tocamos fondo y está bien que vivamos la pena, y cuando en realidad estamos adormecida en la autocomplacencia. Tenemos que aprender a decir que no a lo que no nos hace bien, incluso si eso que nos hace daño viene de nosotras mismas. La pena, la tristeza no son lo que nos hace daño; lo que nos hace daño es la perspectiva fatalista de que no hay nada que nosotros podamos hacer para renacer de nuestras cenizas.

Tenemos que aprender a distinguir que todas las elecciones tienen un sentido, y que lo importante es que a nosotros nos haga sentido.

Tenemos que aprender a decir que no cuando sepamos que no es lo que necesitamos, aunque todos nos digan que es lo mejor para nosotros. Tenemos que aprender a reconocer nuestros ritmos internos, los ritmos de nuestras emociones, los ciclos de nuestro entusiasmo y de nuestro ruido mental. Tenemos que aprender a reconocer la causa de nuestras emociones negativas. Tenemos que aprender.

No salimos del hoyo, de la vida gris, sin darnos cuenta y asumir que depende exclusivamente de nosotros tomar control sobre lo que nos influye. Que es nuestra tarea reconocer cuál es la causa de nuestra duda, del miedo, de la culpa, de la rabia, y eliminar la influencia de esa causa en nuestra vida.

Tenemos que aprender a reconocer cuándo ha sido suficiente. Aprender a darnos cuenta cuándo jugar de víctima ya no nos ayuda, sino que nos aplasta. Que cerrar nuestro corazón a los demás, nos vuelve cada día más egoístas. Cuando querer controlar nuestra relación de pareja por miedo a confiar, nos separa de vivir el amor verdadero. Cuando querer apurar el duelo, muestra que aún no aceptamos lo que ocurrió.

Si realmente quieres llenar ese vacío que estás sintiendo, amarte cada día más y vivir en plenitud, entonces tienes que aprender a discernir sobre todo lo que te he dicho y HACER ALGO AL RESPECTO. Tomar esta decisión.

Nadie tiene estas respuestas para ti; nadie puede discernir por ti. Ésta es tu responsabilidad espiritual; tuya, completa. Y si leíste hasta aquí, sé que lo puedes hacer.

Sé que tienes el deseo de transformarte.

Sé que tienes la capacidad de discernir cuándo tu ego te está encerrando en un lugar donde sólo marchitas.

Tú puedes discernir cuándo es tu ego y cuándo es tu alma.

Y sobre todo, puedes elegir seguir la voz de tu alma.

Con amor,

Francisca Jara

 

* Imagen tomada de unsplash.com